"Me dices que soy yo quien te ha convertido en el vicioso que eres, quien te arrastra poco a poco por la pendiente resbaladiza del vicio todopoderoso. Tal vez, pero ¿no has sido tú también quien ha puesto en mí ese deseo de gozar siempre más, quien me impulsa a buscar caricias extrañas, insospechadas? Mira, nuestro amor nació de un encuentro, del choque de nuestras miradas, de la llamada de nuestra carne. Nos rozamos durante días y días, y cada uno de nosotros sabía que había que perseverar, que la felicidad estaba ahí, en la fusión de nuestros dos seres. Nos entregamos, antes de conocernos, y el porvenir nos dio la razón. Desde que somos amantes, nunca hemos conocido sino dicha juntos, y nuestra posesión mutua nos brindan éxtasis infinitos. Sí, seamos siempre los dos, querido amor mío, solos tú y yo. Probemos, si quieres, esa experiencia que nos obsesiona, pero no creo que hallemos en ella más dicho que en el abrazo de nuestros cuerpos, siempre más ardientes al placer.
Adiós, amado mío, ¿encontraré el lunes por la mañana, cuando llegue a la oficina, una larga carta tuya? Te digo hasta pronto, pues espero que podamos amarnos dentro de unos pocos días.
Te adoro. Mi boca donde tú quieras. Dime dónde.
SIMONE..."
La pasión de Mademoiselle S., Anónimo (Seix Barral, 2016)
16 de mayo de 2016
8 de mayo de 2016
Manuel Jabois - Nos vemos en esta vida o en la otra
"Recordé la frase de mi amigo Xacobe Casas que abre el libro: no eran los pájaros los que volaban, sino el cielo, que caía. Recordé cómo la normalidad, cuando no es consciente de su distorsión, lleva al horror de forma natural. Hay mundos en los que el mal pierde su característica fundamental, según Hannah Arendt: constituir una tentación. Eso fue lo que me empezó a interesar de la historia de Gabriel, conocido en su entorno como Baby. Su normalidad era común hasta que se hizo demasiado grande para mantenerla. Sus tentaciones eran las contrarias a las del resto: dejar la calle, ponerse a estudiar, encontrar un trabajo, no robar, no consumir drogas, no pegar.
Antes de los diez años le había quitado por la fuerza las huchas del Domund a unas niñas y la recaudación a un ciego de la ONCE. Antes de los doce fue detenido por tratar de robar un coche. Antes de los diecisiete participó en el mayor atentado terrorista de Europa, el del 11-M, que provocó la muerte de 191 personas en Atocha, y de un inspector de Policía semanas después, en el atentado suicida de Leganés.
La colaboración de Baby fue de forma involuntaria, como reconoció la sentencia; eso no evitó que meses despues amenazase a un vigilante del centro de menores diciéndole que le daban igual 192 que 193. Para entonces estaba ya encerrado. Fue el primer condenado de los atentados del 11-M. El único menor de edad. Y su testimonio en el juicio sentenció a su mejor amigo, Emilio Suárez Trashorras, a 34.175 años de cárcel..."
Manuel Jabois, Nos vemos en esta vida o en la otra. Una historia real de traición y violencia. Planeta, 2016.
Antes de los diez años le había quitado por la fuerza las huchas del Domund a unas niñas y la recaudación a un ciego de la ONCE. Antes de los doce fue detenido por tratar de robar un coche. Antes de los diecisiete participó en el mayor atentado terrorista de Europa, el del 11-M, que provocó la muerte de 191 personas en Atocha, y de un inspector de Policía semanas después, en el atentado suicida de Leganés.
La colaboración de Baby fue de forma involuntaria, como reconoció la sentencia; eso no evitó que meses despues amenazase a un vigilante del centro de menores diciéndole que le daban igual 192 que 193. Para entonces estaba ya encerrado. Fue el primer condenado de los atentados del 11-M. El único menor de edad. Y su testimonio en el juicio sentenció a su mejor amigo, Emilio Suárez Trashorras, a 34.175 años de cárcel..."
Manuel Jabois, Nos vemos en esta vida o en la otra. Una historia real de traición y violencia. Planeta, 2016.
7 de mayo de 2016
George Orwell - Homenaje a Cataluña
"Esta guerra, en la que desempeñé un papel tan ineficaz, me ha dejado recuerdos en su mayoría funestos, pero aun así no hubiera querido perdérmela. Cuando se ha podido atisbar un desastre como éste -y, cualquiera que sea el resultado, la guerra española habrá sido un espantoso desastre, aun sin considerar las matanzas y el sufrimiento físico-, el saldo no es necesariamente desilusión y cinismo. Por curioso que parezca; toda esta experiencia no ha socavado mi fe en la decencia de los seres humanos, sino que, por el contrario, la ha fortalecido. Y espero que mi relato no haya sido demasiado confuso. Creo que, con respecto a un acontecimiento como éste, nadie es o puede ser completamente veraz. Sólo se puede estar seguro de lo que se ha visto con los propios ojos y, consciente o inconscientemente, todos escribimos con parcialidad. Si no lo he dicho en alguna otra parte de este libro, lo diré ahora: cuidado con mi parcialidad, mis errores factuales y la deformación que inevitablemente produce el que yo sólo haya podido ver una parte de los hechos. Pero cuidado también con lo mismo al leer cualquier otro libro acerca de este período de la guerra española.
Debido a la sensación de que teníamos que hacer algo, aunque en realidad nada podíamos hacer, dejamos Banyuls antes de lo pensado. A medida que se avanza hacia el norte, Francia se torna cada vez más suave y más verde; se alejan las montañas y los viñedos y vuelven la pradera y los olmos. Cuando había pasado por París, de viaje a España, me había parecido una ciudad decaída y lúgubre, muy diferente de la que había conocido ocho años antes, cuando la vida era barata y no se oía hablar de Hitler. La mitad de los cafés que solía frecuentar permanecían cerrados por falta de clientela, y todo el mundo estaba obsesionado por el elevado costo de la vida y el temor a la guerra. Ahora, después de la pobre España, París parecía alegre y próspero. La Exposición estaba en su apogeo, pero nos las ingeniamos para no visitarla.
Y luego Inglaterra, el sur de Inglaterra, probablemente el paisaje más acicalado del mundo. Cuando se pasa por allí, en especial mientras uno va recuperándose del mareo anterior, cómodamente sentado sobre los blandos almohadones del tren de enlace con el barco, resulta difícil creer que realmente ocurre algo en alguna parte. ¿Terremotos en Japón, hambrunas en China, revoluciones en México? No hay por qué preocuparse, la leche estará en el umbral de la puerta mañana temprano y el New Statesman saldrá el viernes. Las ciudades industriales, una mancha de humo y miseria oculta por la curva de la superficie terrestre, quedaban lejos..."
George Orwell, Homenaje a Cataluña
Debido a la sensación de que teníamos que hacer algo, aunque en realidad nada podíamos hacer, dejamos Banyuls antes de lo pensado. A medida que se avanza hacia el norte, Francia se torna cada vez más suave y más verde; se alejan las montañas y los viñedos y vuelven la pradera y los olmos. Cuando había pasado por París, de viaje a España, me había parecido una ciudad decaída y lúgubre, muy diferente de la que había conocido ocho años antes, cuando la vida era barata y no se oía hablar de Hitler. La mitad de los cafés que solía frecuentar permanecían cerrados por falta de clientela, y todo el mundo estaba obsesionado por el elevado costo de la vida y el temor a la guerra. Ahora, después de la pobre España, París parecía alegre y próspero. La Exposición estaba en su apogeo, pero nos las ingeniamos para no visitarla.
Y luego Inglaterra, el sur de Inglaterra, probablemente el paisaje más acicalado del mundo. Cuando se pasa por allí, en especial mientras uno va recuperándose del mareo anterior, cómodamente sentado sobre los blandos almohadones del tren de enlace con el barco, resulta difícil creer que realmente ocurre algo en alguna parte. ¿Terremotos en Japón, hambrunas en China, revoluciones en México? No hay por qué preocuparse, la leche estará en el umbral de la puerta mañana temprano y el New Statesman saldrá el viernes. Las ciudades industriales, una mancha de humo y miseria oculta por la curva de la superficie terrestre, quedaban lejos..."
George Orwell, Homenaje a Cataluña
Roald Dahl - El librero
"Después del almuerzo subieron a su suite, en cuya inmensa cama retozaron torpemente durante unos minutos. A continuación se echar una siesta.
Sentados en su salita privada, cubrían su desnudez solo con unas batas, la del señor Buggage de seda color ciruela, la de la señorita todo en rosa chicle y verde claro. El señor Buggage se había recostado en el sofá con un ejemplar del Times del día anterior en el regazo y un Who´s who sobre la mesa de centro.
La señorita Tottle se había sentado al escritorio, ante una máquina de escribir del hotel, con un cuaderno en la mano. Ambos bebían champán otra vez.
-Este es material de primera decía el señor Buggage-. Sir Edward Leishman. Consiguió que le dieran el obituario más destacado. Presidente de Aerodynamics Engineering. Uno de nuestros industriales más relevantes, dice.
-Suena bien -dijo la señorita Tottle-. Asegúrate de que la mujer sigue viva.
-Deja viuda y tres hijos -leyó el señor Buggage en voz alta-. Y... espera un momento... el Who´s who dice: «Aficiones: pasear y pesca. Clubes: White's y Reform...»"
Roald Dahl, El librero. Nórdica libros. Colección Ilustrados, 2006.
Sentados en su salita privada, cubrían su desnudez solo con unas batas, la del señor Buggage de seda color ciruela, la de la señorita todo en rosa chicle y verde claro. El señor Buggage se había recostado en el sofá con un ejemplar del Times del día anterior en el regazo y un Who´s who sobre la mesa de centro.
La señorita Tottle se había sentado al escritorio, ante una máquina de escribir del hotel, con un cuaderno en la mano. Ambos bebían champán otra vez.
-Este es material de primera decía el señor Buggage-. Sir Edward Leishman. Consiguió que le dieran el obituario más destacado. Presidente de Aerodynamics Engineering. Uno de nuestros industriales más relevantes, dice.
-Suena bien -dijo la señorita Tottle-. Asegúrate de que la mujer sigue viva.
-Deja viuda y tres hijos -leyó el señor Buggage en voz alta-. Y... espera un momento... el Who´s who dice: «Aficiones: pasear y pesca. Clubes: White's y Reform...»"
Roald Dahl, El librero. Nórdica libros. Colección Ilustrados, 2006.
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| Ilustración de Federico Delicado, Nórdica libros |
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