28 de mayo de 2016

Roberto Bolaño - Los sinsabores del verdadero policía

"¿Y qué fue lo que aprendieron los alumnos de Amalfitano? Aprendieron a recitar en voz alta. Memorizaron los dos o tres poemas que más amaban para recordarlos y recitarlos en los momentos oportunos: funerales, bodas, soledades. Comprendieron que un libro era un laberinto y un desierto. Que lo más importante del mundo era leer y viajar, tal vez la misma cosa, sin detenerse nunca. Que al cabo de las lecturas los escritores salían del alma de las piedras, que era donde vivían después de muertos, y se instalaban en el alma de los lectores como en una prisión mullida, pero que después esa prisión se ensanchaba o explotaba. Que todo sistema de escritura es una traición. Que la poesía verdadera vive entre el abismo y la desdicha y que cerca de su casa pasa el camino real de los actos gratuitos, de la elegancia de los ojos y de la suerte de Marcabrú. Que la principal enseñanza de la literatura era la valentía, una valentía rara, como un pozo de piedra en medio de un paisaje lacustre, una valentía semejante a un torbellino y a un espejo. Que no era más cómodo leer que escribir. Que leyendo se aprendía a dudar y a recordar. Que la memoria era el amor..."

Roberto Bolaño, Los sinsabores del verdadero policía (Anagrama, 2011)
Ilustración de la primera edición de Anagrama

Gilbert Adair - Soñadores

     "Convencido al fin de que, por alguna razón que no conseguía aún entender, sus amigos no sabían nada de la agitación que había sacudido la Facultad de Nanterre primero, luego París en su conjunto y finalmente «las cuatro esquinas del hexágono francés», como les gusta decir a los locutores, empezó a contarles la leyenda de lo que ya empezaba a conocerse como los sucesos de mayo. 
      Y así se enteraron de cómo la expulsión de su Henri Langlois de la Cinémathèque había sido el Sarajevo de aquellos sucesos; de que, como poco, la expulsión había hecho cristalizar un espíritu de rebelión que ya estaba en el aire, y había servido para prender la antorcha que iría pasando de mano en mano como en los Juegos Olímpicos. 
     -No es sólo la universidad, ni tampoco París -dijo Charles, incapaz de contener su lirismo-. Toda Francia está en huelga. Los teléfonos no funcionan, los bancos han cerrado, no hay correo, casi no queda gasolina. Se trata realmente de una huelga general, estudiantes y obreros unidos, un frente común ante un enemigo común. ¡Una sociedad nueva está esperando a ver la luz, Théo, un mundo nuevo! Un mundo sin grands-bourgeois ni petits-bourgeois, sin grands-fascistes ni petits-fascistes. ¡Un mundo que ya no tiene ninguna necesidad de los viejos maestros del mundo antiguo! ¡Se acabaron Leonardo, Mozart y Shakespeare!
     Hizo una pausa. 
     -¡Se acabó Hitchcock!
     -¡Nunca! -exclamó Théo. 
     Otra pausa.
     -Ya lo verás, amigo mío -murmuró Charles amablemente-. Ya lo verás..."

The dreamers, Gilbert Adair (2003) (Soñadores, Alfaguara, 2004)

Fotograma del film The dreamers de Bernardo Bertolucci basado en la novela.

21 de mayo de 2016

Raquel Lanseros - Hit the road, Jack

Hit the road, Jack 

La autopista es el tiempo que tarda en convertirse
el principio en el término.
Entretanto en el día que me quieras.


No se pisan jamás las mismas huellas
—Heráclito dijo algo parecido—
sin embargo conducen al lugar donde estamos.


Nunca le tengas miedo al horizonte
no hay placer más sabroso que el trayecto.
Acepta el pan servido en cualquier parte
disfruta del asilo que te ofrezcan
pero ten preparadas las maletas.

  
Aprende por tu bien el arte de marcharte
siempre un segundo antes de que te hayan echado.


Poema de Raquel Lanseros, de su antología A las órdenes del viento (Ed. Valparaíso, Granada, 2ª edic. 2015 ampliada)

 Nael Cassady y Jack Kerouac

16 de mayo de 2016

Wendy Guerra - Domingo de Revolución

"El sonido de la olla es el sonido de la cubanidad. La banda sonora contra el hambre de todas las casas en este país. Un tono asmático, entrecortado y eterno que suena a realidad. 
     Hizo café con leche con poco azúcar y una pizca de sal, como se lo hacía a mi padre. También unos plátanos verdes fritos con ajo, bien machucados, a eso se le llama «mogolla», y es lo que se desayuna en algunas zonas de Oriente. Ella es de allá, y por lo que estoy viendo mi supuesto padre también. 
      Buscó todos los poemas impresos dispersos por la casa, incluidos aquellos que ella había sabido tachar intentando variar su contenido para burlar la censura. Los puso sobre la mesa una vez servida con mantel de hilo y cubiertos de plata, jarras de cerveza checa para tomar Cristal y cucharitas de postre sin postre. 
     Cuando Gerónimo llegó, sudado y muerto de hambre, nos sentamos a almorzar. Todo parecía cotidiano, como si él y yo viviéramos por décadas en esta casa, pero no, recién acaba de mudarse, en los hoteles cubanos no hay privacidad. ¿Y en esta casa la hay? La privacidad en está isla es como el invierno o la nieve, sólo una ilusión. 
     El americano no entendía muy bien el ritual de comer con Márgara, que ya me había desplazado de la cabecera para acomodar al actor. El machismo leninismo es incomprensible para este hombre que convive con el feminismo profundo de sus colegas. Nada de eso parecía importarle en estos momentos, pues su intento por acceder al archivo histórico mediante petición oficial fue rechazado por las autoridades. La respuesta fue un «no» rotundo sin ningún tipo de diplomacia o delicadeza. 
     -Puedes tener dos premios Oscar y la opinión pública, las revistas y los diarios internacionales a tus pies, pero aquí eso, «compañero Gerónimo», no nos interesa. Y no, chico, no entras al archivo histórico porque no nos da la gana y punto -dije engolando la voz, imitando la de un militar ronco, cortante y desagradable. 
     -¿Cómo se puede hacer un filme sobre ese personaje sin consultar estos archivos? Eso no sería serio. 
     En Cuba, cuando las cosas salen mal la gente decide emborracharse, dormir o hacer el amor...

JAULA DE JUGUETE
Trampas veo en el camino
Pero parecen flores brújulas o espejos
Me hizo hembra la colección de jaulas que heredé de mi madre
Caí tan bajo como el grave sonido de mi orquesta
Allá voy arrogante y cautiva
La embestida promete lo peor
Muchacha jaula de juguete
Mi corazón virgen coloreado no hereda afrenta ni dolor
Y es que no hay jaulas en el cuerpo de una niña..."

Domingo de Revolución, Wendy Guerra, (Anagrama, 2016)