5 de junio de 2016

Reflexiones salvajes (I) / Qué es la mediopatía

Reflexiones salvajes (I) / El mediópata puede ser un impostor 

"Elige tu futuro. Elige la vida. Pero, ¿por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida. Yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?" Así es el final del comienzo de Trainspotting, la película basada en la novela homónima de Irvine Welhs. Cuando una persona está enganchada al caballo su única prioridad es consumir caballo. Como el cocainómano, que después de un tiro lo único que desea es otro. Y a ello subordina todos sus recursos. 

Un mediópata es aquella persona que tiene una obsesión por salir en los medios de comunicación, por acaparar fotos, por anhelar ser objeto de los más relajantes panegíricos, por evitar cualquier tipo de mácula que empañe su biografía superficialmente construida... Y a ello subordinan todos sus recursos. 

En ese caso, el mediópata sería al tiempo un impostor. Fijémonos en Enric Marco, aquel hombre gris que decidió edulcorar su existencia arrojando luces en su biografía donde más bien había sombras. Lo contó de manera genial Javier Cercas en su novela El impostor. Marco fingió haber estado en un campo de concentración nazi, que lógicamente seduce más como relato de supuesto superviviente que la idea de haber ido como voluntario a Alemania cuando Hitler estaba arrasando Europa, aunque los motivos fueran justificables, ya que no es fácil ser un vencido cuando el vencedor iza la revancha como principal bandera. En el caso de Enric, su impostura definitiva, quijotesca, no se podía justificar de ninguna manera, aunque el fin al que sirviera fuera justo: concienciar sobre el horror nazi para que nunca más se vuelva a repetir un infierno así en la piedra. 

Lamentablemente, abundan los mediópatas. Nos rodean. Los más, impostan la realidad con la propaganda. Pero tienen un problema evidente: la mediopatía crea adicción, como las drogas. Y, cuando uno es adicto a los medios (a una foto, a ser objeto de un panegírico relajante, a su inmaculada biografía novelada...) todos los recursos se subordinan a ello. Pero no siempre este tipo de historias acaban bien. Más bien, al contrario: rara vez. Y si no, fijémonos en los protagonistas de Trainspotting. O, sin ir tan lejos, en el final de Enric Marco.
jmá
Fotograma de la película Trainspotting.

4 de junio de 2016

Marguerite Duras - El amante

     "Le dice: preferiría que no me amara. Incluso si me ama, quisiera que actuara como acostumbra a hacerlo con las mujeres. La mira como horrorizado, le pregunta: ¿quiere? Dice que sí. El ha empezado a sufrir ahí, en la habitación, por primera vez, ya no miente sobre esto. Le dice que ya sabe que nunca le amará. Le deja hablar. Al principio ella dice que no sabe. Luego lo deja hablar. 
     Dice que está solo, atrozmente solo con este amor que siente por ella. Ella le dice que también está sola. No dice con qué. El dice: me ha seguido hasta aquí como si hubiera seguido a otro cualquiera. Ella responde que no puede saberlo, que nunca ha seguido a nadie a una habitación. Le dice que no quiere que le hable, que lo que quiere es que actúe como acostumbra a hacerlo con las mujeres que lleva a su piso. Le suplica que actúe de esta manera. 


     Le ha arrancado el vestido, lo tira, le ha arrancado el slip de algodón blanco y la lleva hasta la cama así desnuda. Y entonces se vuelve del otro lado de la cama y llora. Y lenta, paciente, ella lo atrae hacia sí y empieza a desnudarlo. Lo hace con los ojos cerrados, lentamente. Él intenta moverse para ayudarla. Ella pide que no se mueva. Déjame. Le dice que quiere hacerlo ella. Lo hace. Le desnuda. Cuando se lo pide, el hombre desplaza su cuerpo en la cama, pero apenas, levemente, como para no despertarla. 


     La piel es de una suntuosa dulzura. El cuerpo. El cuerpo es delgado, sin fuerza, sin músculos, podría haber estado enfermo, estar convaleciente, es imberbe, sin otra virilidad que la del sexo, está muy débil, diríase estar a merced de un insulto, dolido. Ella no lo mira a la cara. No lo mira. Lo toca. Toca la dulzura del sexo, de la piel, acaricia el color dorado, la novedad desconocida. Él gime, llora. Está inmerso en un amor abominable. 
     Y llorando, él lo hace. Primero hay dolor. Y después ese dolor se asimila a su vez, se transforma, lentamente arrancado, transportado hacia el goce, abrazado a ella. 
     El mar, informe, simplemente incomparable...."

El amante, Marguerite Duras (1985, Les Éditions de Minuit)

Fotograma de 'L'amant' de Jean-Jacques Annaud basado en la novela de Marguerite Duras

31 de mayo de 2016

John Steinbeck - Las uvas de la ira

"Cada uno será el director de su propio desfile de dolor y agravios, marcharemos con nuestra amargura. Y un día los ejércitos de amargura desfilarán todos en la misma dirección (...)

- Es un país libre.
- Bueno, intenté comprar la libertad. Por aquí decimos que un tipo tiene tanta libertad como su dinero le permite comprar. (...)


Gente huyendo del terror que queda atrás... le suceden cosas extrañas, algunas amargamente crueles y otras tan hermosas que la fe se vuelve a encender y para siempre. (...)


El sol llameaba con furia... En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, cogiendo peso, listas para la vendimia. (...)

Y bajo las súplicas y el encogimiento, una furia desesperada empezó a arder. El hambre y el miedo fermentaron en furia.... Y la gente cómodamente en sus casas cerradas sintió lástima al principio y luego repugnancia y finalmente odio por los emigrantes. (...)

Un hombre que tiene un tiro de caballos nunca se le ocurriría dejarlos que se murieran de hambre cuando no están trabajando. Esos son caballos... nosotros hombres. (...)
 

El hombre vive a sacudidas... La mujer fluye, como un arroyo, con pequeños remolinos y pequeñas cascadas, pero el río sigue adelante. La gente sigue adelante... cambiando un poco, quizá, pero siempre adelante..."

Las uvas de la ira, John Steinbeck 
'Las uvas de la ira', película basada en la novela de Steinbeck de John Ford

29 de mayo de 2016

Tony Judt - El refugio de la memoria

"El estar siempre me pareció estresante: dondequiera que estuviera había algo que hacer, alguien a quien complacer, un deber que cumplir, un papel que no conseguía desempeñar: algo fallaba. El ir hacia algún sitio, por el contrario, era un alivio. Nunca era tan feliz como cuando iba a algún sitio por mi cuenta, y cuanto más tiempo tardaba, mejor. Caminar era placentero, disfrutaba montando en bicicleta, me divertía viajar en autobús. Pero el tren era puro paraíso..."

Tony Judt, El refugio de la memoria (Taurus, 2011)