4 de mayo de 2008

Manuel Azaña: "La velada en Benicarló"

Desde el punto de vista humano, es un consuelo. Desde el punto de vista español, una esperanza

Título: La velada en Benicarló, en Volumen 6 de Obras completas (Edición de Santos Juliá), páginas 33 a 92
Autor: Manuel Azaña
Edición: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Mº de la Presidencia
Año: 2007
Lugar: Madrid

"No será un triunfo personal, porque cuando se tiene el dolor de español que yo tengo en el alma, no se triunfa personalmente contra compatriotas. Y cuando vuestro primer magistrado [la conciencia personal] erija el trofeo de la victoria, su corazón de español se romperá, y nunca se sabrá quién ha sufrido más por la libertad de España." De este modo culminaba ManuelAzaña uno de sus memorables discursos de guerra, en este caso el pronunciado el 21 de enero de 1937 en el Ayuntamiento de Valencia. Tres meses más tarde, en Barcelona, el Presidente de la República escribió un vibrante diálogo que protagonizan distintos personajes de la España republicana.

Los diálogos versan sobre los dramáticos hechos que acaecieron en nuestro país: los infundados pretextos que suscitaron la rebelión militar; la invasión, inducida por los facciosos, de alemanes, italianos y marroquíes; las represalias que en ambos bandos segaban la vida de miles decoterráneos ; la disyuntiva entre hacer la revolución o ganar la guerra; España como nación y la predilección de los pueblos por la exclusión y aniquilación del diferente.

El discurrir de la plática sirve de excusa a nuestro autor para plasmar las reflexiones suscitadas por la Guerra Civil española:

Atrocidades cometidas
"Con una diferencia importante. En esta zona, las atrocidades cometidas en represión de la sublevación, o aprovechándola para venganzas innobles, ocurrirán a pesar del Gobierno, inerme e impotente, como nadie ignora, a causa de la rebelión misma. En la España dominada por los rebeldes y los extranjeros, los crímenes, parte de un plan político de regeneración nacional, se cometían y se cometen con aprobación de las autoridades" Claudio Marón, abogado, burgués y de ideología liberal (pág. 42).
La participación extranjera en el conflicto
"El fanatismo político no me domina, como a otros. Quizá sean hoy la mayoría en los dos campos, por efecto de la guerra. Cuantos conservan un poco de buen juicio, estorban. Habrá quien no habiéndolo perdido, disimule por ahora que lo conserva. En el campo rebelde hay gente como yo. A veces pienso en ellos. ¿Qué dirían si la rebelión triunfase con sus medios actuales? Tienen ejércitos alemanes e italianos, sin contar los marroquíes. Cuando esta gente, supliendo la impotencia de la rebelión, se apodere del territorio español, los generales extranjeros se despedirán de los generales españoles: «Ahí hemos conquistado para vosotros la península.Tomadla. Ya podéis mandar y triunfar en ella. Buen provecho». Antes de que cobren la factura, alguno de mis antiguos compañeros irá a reunirse conmigo en el rincón donde entierren a los que se mueren de vergüenza." Blanchart, Comandante de infantería (pág. 45).
Libertad religiosa
"Añada usted, sobre todo en lo que concierne a las mujeres, el horror a las leyes laicas. Les habían hecho creer en el exterminio de la religión, en el reino del anticristo. Creencia compartida, autorizada, por algunos varones de talla, enfermos de ansiedad. Aunque los creyentes seguían oyendo misa, recibiendo los sacramentos y frecuentando los actos del culto; aunque el clero disfrutaba de libertad para atacar a los poderes públicos (la monarquía no se lo hubiera consentido), muchos, las mujeres especialmente, daban más crédito al hechizo de su fanatismo que a la experiencia personal de cada día." Garcés, ex ministro (pág. 50).
Enemigos de la república
"Enumerados por orden de su importancia, de mayor a menor, los enemigos de la República son: la política franco-inglesa; la intervención de la armada de Italia y Alemania; los desmanes, la indisciplina y los fines subalternos que han menoscabado la reputación de la República y la autoridad del Gobierno; por último, las fuerzas propias de los rebeldes. ¿Dónde estarían ahora los sublevados de julio, si las otras tres causas, singularmente la primera, no hubiesen obrado a su favor?" Garcés, ex ministro (pág. 51).
La legalidad frente a la negación de la ley
"Ellos son la negación de la ley, nosotros somos el Gobierno, la legitimidad, la República. Una conducta noble, sin otro rigor que el de la justicia, habría robustecido la autoridad de nuestra causa. Yo estaba en Madrid la terrible noche de agosto en que fue asaltada la cárcel y asesinadas por una turba furiosa algunas personas conocidas. Yo también hubiese querido morirme aquella noche, o que me mataran. La desesperación no me enloqueció... ¡Ingrata fortaleza! El Presidente del Consejo lloraba lágrimas de horror. Razón le sobraba." Garcés, ex ministro (pág. 68)
La Ilustración y el régimen
"El problema se reduce a un problema de libertad, de razón, de dignidad humana. A implantar un régimen tolerable, tolerante, manifiesto en un Estado más inteligente, más próximo a la moral social de nuestro tiempo, que aproveche mejor el valor de los hombres y respete la independencia del juicio. Es punto esencial. Confío en que acabada la trifulca reaparezca la libertad de opinión." Eliseo Morales, escritor (págs. 70-71).
La civilización frente a la barbarie española
"La crueldad, el orgullo, la cobardía, la ambición son prendas de la especie. La civilización, que no consiste en fabricar tractores sino en cultivar los sentimientos y domesticar los impulsos feroces, se esfuerza en apartarnos del impulso natural humano. Los grandes sistemas que se han disputado o se disputan la educación moral del mundo no han podido variar nuestra índole, pero autorizan su norma con el ejemplo de algunos testigos, y se propagan, se imponen, se mantienen por el prestigio, la coacción y el hábito. Un nuevo tema civilizador no brota de la espontaneidad turbulenta. Se condensa y declara en el ápice mental de algún sujeto insólito, de donde recae como la lluvia y la luz. Penetra hasta donde puede. El mar resplandece en la superficie y es oscuro, sordo, en el fondo." Garcés, ex ministro (pág. 74).
El interés nacional
"¿Se identifica la paz con el interés nacional y es posible en su nombre que un pueblo rehaga su cohesión y unifique su conducta? En términos generales, nadie le dirá a usted que la paz sea contraria al interés nacional. Pero no ha habido una sola guerra en que el agresor y el agredido hayan dejado de invocar el interés nacional para sostenerla, y una gran parte de la nación haya dejado de admitirlo, de creerlo. ¿La paz interior, la conservación del patrimonio material y espiritual? Parece aún más claro. Sin embargo, ahí tiene usted a la nacióndesgarrándose las entrañas y a los tres o cuatro Gobiernos que de hecho o de derecho existen en España invocando, con aplauso de sus secuaces, el interés nacional. Lo cual significa, y es lo importante para mi tesis, que ni siquiera el mantenimiento de la paz interior, postulado fulgurante, al parecer, del interés común, disciplina a la nación y la agrupa en torno de su objeto. ¿Cuál será entonces el dictado del interés nacional, bastante a obtener elasenso de todos? ¿La independencia? Si no lo es, no queda ninguno." Garcés, ex ministro (pág. 83).
El español intransigente
"Ustedes decían que el enemigo de un español es otro español. Cierto. ¿Por qué? Porque normalmente es de otro español de quien recibimos la insoportable pesadumbre de tolerarlo, de transigir, de respetar sus pensamientos. España, en general no se ocupa del extranjero. El español medio, y no digamos el que está por bajo, cree saber que hay pueblos risibles, pueblos temibles. Descansa en la seguridad de no alternar nunca con ellos. En el fondo se encoge de hombros. El blanco de su impaciencia, de su cólera y enemistad es otro español. Otro español quien le hace tascar el freno, contra quien busca el desquite. ¿El desquite de qué ofensa? La ofensa de pensar contrariamente. El español es extremoso en sus juicios. Está enseñado a discurrir partiendo de premisas inconciliables." Morales, escritor (págs. 84-85).
El socialismo y el patrimonio nacional
"Aquella expresión: «Lo que hay de España es de los españoles», no pasa de ser una hipótesis igualitaria desacreditada. Del patrimonio nacional productivo vivimos todos, mejor o peor. Patrimonio formado por la suma de innumerables patrimonios particulares,téngalo presente, y el del Estado. Discurre usted como si el patrimonio nacional se formase de riquezas acumuladas y de los medios de obtenerlas o crearlas, solamente. Parte considerable del patrimonio es el trabajo, como quiera que aparezca y se aplique. El patrimonio será muy nacional, pero no es común. Vea usted si la diferencia es grave. Y en cuanto a nacional, lo menos posible. Se llama así solamente porque unos cientos de miles de Juanes y Pedros , sus poseedores, son de nuestra nacionalidad y usan el interés nacional como escudo protector. De los frutos del patrimonio nacional vivimos, pero muchos apenas viven, omalamente." Pastrana, prohombre socialista (pág. 89).
Suya es la vida
"Garcés: Mire usted aquéllos, en la orilla. Tampoco quieren dormir. Por otros motivos.

Barcala: Laredo y la Vargas... se arrullan

Morales: Suya es la vida

Lluch: Son tan de la muerte como nosotros. Si escribe usted la crónica de esta velada, no la falsifique acabándola con un símbolo trivial." (pág. 91).

12 de febrero de 2008

Philip Pettit - Examen a Zapatero

"Zapatero ha convertido a España en un modelo internacional de cómo puede funcionar una democracia avanzada"

Autor: PETTIT, Philip
Título: Examen a Zapatero
Editorial: Temas de hoy
Lugar: Madrid
Año: 2008

El filósofo Philip Pettit, autor del influyente libro Republicanismo. Una teoría sobre la libertad y el gobierno, realiza, a instancia de José Luis Rodríguez Zapatero, una auditoría republicana de los tres primeros años del Gobierno socialista.

En la introducción del libro Pettit resume, grosso modo, la diferencia entre los conceptos de libertad positiva, concebida como no dominación, y el de libertad negativa, entendida como ausencia de interferencias, ideas que retoma en la última parte del libro.

A la hora de fiscalizar la acción política del Gobierno de Zapatero, el autor se centra, por una parte, en analizar las medidas políticas emprendidas para proteger a la ciudadanía de la dominación privada (que suele producirse por situaciones económicas desequilibradas, por contar con un sistema judicial atorado o con un sistema educativo aminorado o por ciertos problemas más específicos, como la vulnerabilidad de las personas, que puede ser provocada por desventajas físicas, económicas o culturales, por estar expuestos al crimen y al terrorismo o por el indebido poder de los grupos corporativos). Por otra, en aquellas que tienen como objetivo proteger a la ciudadanía de la dominación pública (evitar el secretismo a la hora de manejar la información, la hostilidad del Ejecutivo hacia el Parlamento o la tendencia gubernamental a concentrar más poder en sus manos).

Si atendemos a la protección frente a la dominación privada, Pettit señala que el Gobierno de Zapatero ha adoptado medidas políticas que pretenden atenuar la vulnerabilidad “de las mujeres, los homosexuales, los inmigrantes ilegales, los incapacitados y los trabajadores temporales. Ha afrontado la amenaza terrorista con honestidad […] Y, finalmente, ha rectificado, aunque no solventado, en buena medida la anomalía histórica de los continuos subsidios concedidos a la Iglesia católica.” A modo de ejemplos, el autor irlandés menciona leyes de gran recorrido e importancia como la Ley Orgánica de Protección integral contra la Violencia de Género, la modificación del Código Civil que posibilita los matrimonios entre personas del mismo sexo, la Ley Orgánica de Igualdad entre Hombres y Mujeres o la Ley de promoción de la autonomía personal y de atención a las personas en situación de dependencia, sin olvidarse de políticas públicas, como las adoptadas en materia de vivienda que pretenden facilitar el acceso de los ciudadanos a una morada.

Si reparamos en la protección frente a la dominación pública, el Gobierno de Zapatero es, a juicio de nuestro autor, un gobierno “menos secretista” (cita medidas como la Ley de Publicidad y Comunicación Institucional -que impide realizar al Gobierno campañas de propaganda-, evidencia la mayor transparencia que existe hoy si hablamos de estadísticas públicas -cómo se elaboran y facilidad de acceso a su consulta- o la mejor predisposición que su antecesor, José María Aznar, de someterse al control de las Cortes Generales –los diputados del PSOE rehúsan hacerle preguntas en beneficio de los partidos que no están en el Gobierno o, por vez primera en la democracia, el Presidente del Gobierno de España acude una vez al mes a una sesión de control al Senado sin límite de tiempo en el debate-), “menos intolerante con los medios de comunicación y menos ansioso por retener el poder en sus manos” (la reforma de RTVE como paradigma –el Director General elegido por el Consejo de dicho ente público, que es elegido a su vez, al menos, por dos terceras partes del Congreso). Pettit, en síntesis, cree que “Zapatero ha mantenido la fe en el modelo republicano o civicista de gobierno […] y ha convertido a España en un modelo internacional de cómo puede funcionar una democracia avanzada.”

El libro también nos depara una entrevista del autor al Presidente del Gobierno de España. En esta podemos encontrarnos con las raíces académicas de Zapatero –recordemos que impartió clases de Derecho Político en la Universidad de León-. Con respuestas didácticas, solventes e instructivas, más propias del lenguaje de la filosofía política, Zapatero se reafirma en su proyecto del socialismo de los ciudadanos, cuya raigambre normativa la encontramos en la idea de libertad entendida como no dominación, que los ciudadanos han de revalidar el próximo 9 de marzo en las urnas y que Pettit explica en la última parte del libro que hoy reseñamos y recomendamos.

Jorge Mateos Álvarez

1 de febrero de 2008

Clases de Filosofía Política y de Ciencia Política en el I.E.S. Padre Isla (León). Filosofía de 1º de Bachillerato.

Debate Ilustración-Romanticismo. La modernidad: idea de progreso. El socialismo utópico. El anarquismo. El socialismo científico. Nozick y la utopía libertaria. La teoría política verde.

Desde 1790 hasta 1880, se produce en la filosofía política un debate intenso entre la Ilustración y el Romanticismo. Es importante conocer unos conceptos básicos que caracterizan a ambos movimientos, ya que ambos son padres de las distintas teorías políticas contemporáneas, algunas de ellas, como veremos, con un fuerte componente utópico.

Contraposición de ideas del debate Ilustración - Romanticismo

Ilustración

Romanticismo

Razón, luces, iluminación por medio del conocimiento, que es acumulativo y nos lleva a la universalidad por medio del lenguaje científico.

Sin prescindir de la razón, nos habla de los sentimientos, de los afectos.

Hay que secularizar la sociedad “abandonar la autominoría de edad culpable”, como resume Kant, evitando interpretar con valores religiosos.

La religión romántica no consiste en volver al catolicismo o al protestantismo, sino al misticismo. La noche frente al sol, frente a la metáfora de la luz

Filosofía materialista. Los seres humanos se mueven por intereses agregables. Podemos crear mayorías y minorías.

La política conlleva también pasiones innegociables e imposibles de agregar.

Solo estamos obligados a lo que nos dicta la razón. Podemos crear y desmontar sistemas políticos (ni teología, ni historia del país).

Existe una dependencia del ser humano respecto al medio ambiente y respecto a la comunidad. Los valores no están ahí, se crean, se crean identidades y preferencias.

Introducir la razón en la política mediante la creación de diseños institucionales con controles y contrapesos. Nada es natural en política.

Diseñando constituciones se crea un mundo de engranajes, frío, porque se está prescindiendo de la razón.

Tanto el marxismo como el liberalismo comparten la tesis de recursos productivos ilimitados.

Los recursos son limitados, no se puede perturbar el ecosistema.

Alcanzar la autonomía personal es un logro. “Que nadie nos imponga nada” como conquista.

Los valores son compartidos por los demás. ¿O es que acaso la lengua o la historia común no se la debemos a la comunidad?

La ciencia nos lleva al progreso. Progresistas frente a reaccionarios. Con la ciencia sabemos adónde vamos (los ilustrados a superar el absolutismo, Lenin a la revolución)

Los descubrimientos nos llevan a conocer el pluralismo y no cara a la civilización única.

Los derechos individuales y políticos dan lugar a los ciudadanos.

¿Si los Estados no coinciden con las naciones? Puede haber más culturas dentro de un Estado.

El derecho positivo es algo artificial. Caminamos cara a la universalización de la ley.

El derecho también puede ser fruto de la costumbre.

La libertad es irrenunciable. Autonomía, autodeterminación son dos conceptos que usa Kant.

Frente a la autonomía ilustrada, autenticidad. Fidelidad a la comunidad.

En la medida que nos respetemos a nosotros mismos, seremos libres.

La libertad de cada uno viene dada en relación a un contexto.


En la filosofía política contemporánea existen distintas teorías cuyas raíces las encontramos en el debate que anteriormente hemos sintetizado:

Teorías políticas contemporáneas

Raíces ilustradas

Raíces románticas

Liberalismo

Comunitarismo

Igualitarismo

Multiculturalismo

Republicanismo

Teoría política verde


Feminismo


Posmodernismo


La Modernidad es el período desde el siglo XVIII hasta nuestros días. La utopía social no se pensará ya como un experimento mental ajeno al acontecer histórico, sino que representará un futuro ideal hacia cuya realización camina la historia. El ideal, es, pues realizable. La idea fuerza es la de progreso, pero se consolida la idea de que también existe en las relaciones sociales un progreso hacia un mundo mejor. Son precisamente los ideales ilustrados que hemos visto anteriormente los que permiten al ser humano sentirse dueño y señor de su propio destino. La modernidad señala el proceso histórico como el camino a través del cual la sociedad puede superar sus injusticias. La modernidad conlleva una visión optimista, una confianza y seguridad en que la razón, la ciencia y la técnica permitirán solucionar los problemas. La historia se entiende como un progreso indefinido y continuo: todo presente es mejor que el pasado. La utopía deja de preocuparse por imaginar el punto final y pasa a ocuparse de los medios y del camino para llegar a ello. Ya no es tan relevante la ficción literaria como la descripción de los cambios sociales necesarios para llevar a la práctica los ideales utópicos.

La utopía socialista que surge de la modernidad, de los valores de la Ilustración, es la que conocemos como socialismo científico o comunista, que no debemos confundir con el socialismo utópico o el anarquismo.

El socialismo utópico: fue calificado así por Marx y Engels. Consideraban que la mejor manera de eliminar la explotación es crear ya comunidades que vivan de forma tal que unos seres humanos no dominen a otros. Los autores más relevantes en este socialismo son Charles Fourier y Robert Owen. Fourier diseña los falansterios, que son comunidades rurales autosuficientes donde cada individuo trabajaría de acuerdo con sus pasiones y, en ningún caso, albergarían a más de 1.600 personas. Robert Owen aboga por un sistema cooperativista de producción y distribución que sustituiría a la sociedad capitalista. En 1832 existían unas 500 cooperativas con unos 20.000 trabajadores.

El anarquismo pretende suprimir toda forma de autoridad, porque entiende que todos los seres humanos son igualmente libres. La sociedad anarquista se basa en la abolición del poder, la educación y el apoyo mutuo, porque a juicio de los autores más representativos Proudhon, Bakunin y Kropotkin, las especies que sobreviven no son las más egoístas e insolidarias, sino aquellas cuyos individuos más se ayudan entre sí.

El Socialismo científico o marxismo

Karl Marx

Revolución social

Feudalismo

Capitalismo

Socialismo

Revolución política

Monarquía absoluta

Estado burgués

Dictadura del proletariado

Sociedad sin clases

Marx y Engels hablaron de materialismo histórico. Para Marx el materialismo consiste en concebir al hombre como una parte de la naturaleza. Una parte activa, como ser fundamentalmente creador e inventor. Con esta expresión, hacemos referencia a los procesos que se desencadenaban a lo largo de la historia: se produce en un momento determinado un incremento de las fuerzas productivas, que puede verse favorecido o perjudicado por los modos de producción. Este crecimiento está relacionado con la estructura política. Con esta ley que enuncia prevé la transformación de la sociedad burguesa con su Estado burgués en la sociedad socialista, del mismo modo que pasó con la sociedad feudal y la monarquía absoluta.

Para alcanzar la sociedad comunista, que surgiría de las entrañas de la propia sociedad burguesa, tras una revolución obrera, sería necesario de la instauración de la dictadura del proletariado. En esa fase de transición de una sociedad a otra el Estado es imprescindible y eso es lo que diferencia básicamente al anarquismo del comunismo, en cómo llegar a la sociedad sin Estado. Ahí nos encontraríamos en la primera fase o fase inferior de la nueva sociedad: el socialismo. En esta los medios de producción se encontrarían colectivizados y se erradicaría la explotación del hombre por el hombre, ya que la propiedad privada habría dejado de existir. Pero es ya en la segunda fase, también denominada fase superior de la sociedad comunista, el momento en el que los vestigios de la sociedad capitalista desaparecen y la máxima “de cada cual según sus capacidades y a cada cual según sus necesidades” empieza a regir las conductas de los individuos. En esa fase, el Estado ya no será necesario y dejará de ser un instrumento represor de la minoría sobre la mayoría.

Marx, como sentenció en su Manifiesto Comunista, aspiraba a una sociedad en la cual “el libre desenvolvimiento de cada uno sea la condición del libre desenvolvimiento de todos”.

El autor Félix Ovejero, en Proceso abierto. El socialismo después del socialismo analiza la historia del socialismo contemplando sus éxitos (como puede ser la conquista del sufragio universal, el establecimiento de mallas sociales que garanticen el sustento a los desempleados o la universalización de la sanidad o la educación, en definitiva, el Estado de bienestar tal y como lo conocemos. Pero también analiza los grandes fracasos del socialismo como doctrina: el fracaso de la disposición cívica en los actuales Estados de bienestar, el fracaso del socialismo real (véase la URSS como paradigma, donde Lenin se empeñó en realizar una revolución proletaria en una sociedad similar a la feudal) y, por último, el fracaso de la hipótesis de la abundancia de recursos (Lenin, por seguir con el caso soviético, habló del comunismo como “todo el poder para los soviets más la electrificación del país”).

Este ha sido la gran tacha de los planteamientos de la Ilustración y, por consiguiente, de la modernidad. La Ilustración contemplaba una relación etnocéntrica del ser humano respecto a la naturaleza. Preveía una relación instrumental entre el Sujeto (ser humano) y el objeto (la naturaleza, que estaría al servicio del ser humano). Y tanto Marx como Adam Smith (economista clásico, considerado el padre del liberalismo económico), planteando dos sociedades radicalmente distintas en cuanto a su organización socioeconómica, comparten la idea de la abundancia de recursos naturales. Este mismo problema se planteará en las utopías libertarias.

Utopías libertarias. El liberalismo contemporáneo: Nozick es, actualmente, uno de los más influyentes teóricos del liberalismo. En su libro Anarquía, Estado y Utopía, nos explica cómo se fundamentan las instituciones partiendo del estado de naturaleza. En éste, el concepto de persona implica que todos tenemos valores y escalas de preferencias que guíen nuestras vidas. Todos somos diferentes, sentencia Nozick, y cualquier intromisión en ese ámbito daría lugar al conflicto.

Nozick rechaza la existencia de la autonomía política, porque rechaza la razonabilidad para llegar a acuerdos. Si existe, en cambio, la autonomía moral, por lo que las instituciones deben respetar la diversidad.

Los derechos del estado de naturaleza son: la autopropiedad es un derecho original y fundamental. El segundo derecho es la apropiación originaria (podemos apropiarnos de las cosas que conforman el mundo externo y podemos intercambiarlos).

Para Nozick nuestras relaciones se basan en el desacuerdo. Cualquier intento de crear un Estado supone vulnerar alguno de los tres derechos básicos anteriormente expuestos (autopropiedad, apropiación originaria y libre intercambio). Por lo tanto el Estado ha de ser mínimo que no nace a partir de ningún contrato social, sino a partir de los derechos originarios de la persona. Solo debe preocuparse de garantizar la libertad. Cualquier otra intervención vulnera derechos individuales. En Nozick predomina la privacidad, no ha lugar a la razón pública.

La teoría política verde surge para reclamar un cambio en la relación del hombre con la naturaleza. La crisis ecológica ha sido asumida ya por casi todas las instituciones, incluida la administración neocon norteamericana, dirigida por George Bush, que recientemente ha contemplado el cambio climático como un serio problema. Para estos teóricos la historia es una constante de la destrucción de la naturaleza, y tras la visión de la historia, están presentes las generaciones futuras y su derecho a disfrutar del medio ambiente. Propugnan un cambio en la concepción de la naturaleza, abandonando la idea de un objeto pasivo que únicamente está para ser expoliada por el hombre y asumiendo que la naturaleza está viva, actúa y cambia con nosotros.

El concepto que más ha calado entre las elites políticas del mundo es el de sostenibilidad. Se habla constantemente de desarrollo sostenible. Esta idea realiza el siguiente diagnóstico: existen límites al crecimiento, pero estamos a tiempo de parar la catástrofe. Se habla de protección medioambiental a la hora de articular el crecimiento económico.

29 de enero de 2008

Clases de Filosofía Política y de Ciencia Política en el I.E.S. Padre Isla (León). Filosofía de 1º de Bachillerato.

Qué es la utopía. Rasgos básicos de la utopía. El Quijote como utopía popular (lectura de la obra de Cervantes que hace León Felipe). Utopías clásicas, La república de Platón. Utopías medievales, el ideal del imperio cristiano. Las utopías renacentistas, Tomás Moro y su isla Utopía.

El tema de las “Utopías sociales”, capítulo 18 del manual de primero de bachillerato de Adela Cortina, lo vamos a dividir en dos grandes bloques utopías (premodernas y modernas –debate entre Ilustración y Romanticismo y filosofías políticas contemporáneas-) y antiutopías.

Introducción:

La idea de que la sociedad en la que vivimos puede ser mejor forma parte de nuestra percepción del mundo social. Las utopías sociales describen situaciones u órdenes de una sociedad donde todos, si pudiéramos, "queríamos vivir".

Concepto de utopía:

La Real Academia Española de la Lengua define utopía como "plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación". Tomás Moro fue el primero en utilizar este vocablo en el siglo XVI y significa literalmente "lugar irreal, no existente". La palabra está compuesta por dos neologismos (vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua): outopía (ningún lugar) y eutopía (buen lugar).

Rasgos básicos de la utopía:

- Origen: aparecen en momentos de crisis de las tradiciones, de las ideologías y del orden social existente.

- Fundamentación: se apoyan en determinadas concepciones de la naturaleza humana y del bien común, y parten de unos valores éticos y políticos desde los que se elabora una idea de nuevo orden social.

- Función: suele ser crítica, porque denuncia injusticias del orden social vigente y una función constructiva, pues ofrecen alternativas e ilustran sobre el modo de llevarlas a cabo.

- Objetivo: idear instituciones que conduzcan a una sociedad perfecta.

- Metodología: experimentación mental de posibilidades. Se trata de descubrir nuevas posibilidades en la realidad.

- Carácter global: presentan propuestas claras de planificación social, propuestas, las reglas de convivencia, las instituciones, etc.

La utopía social es un modelo ideal de sociedad alternativo al existente, que presenta los valores e instituciones necesarios para llevar a la práctica una concepción de personas y una idea de la vida buena y feliz. Pretende lograr así una orientación para el cambio social y la transformación de la realidad.

El Quijote ha tenido muchas y diversas interpretaciones más allá de la que hizo su autor, Miguel de Cervantes, que presentó su obra como un libro que pretendió matar a las novelas de caballerías a comienzos del siglo XVII. León Felipe, poeta zamorano, de la estepa castellana como solía decir en sus versos, poeta materialista histórico como Neruda o Bertolt Brecht, relee la obra de Cervantes en clave utópica ya que el ingenioso hidalgo nos muestra a través de su supuesta locura, con la justicia por bandera, un mundo aciago, plagado de injusticias, pero, al mismo tiempo, nos visiona cuál es para él el mundo idílico, en el que le gustaría vivir. León Felipe se vale de esa metáfora para apelar a una nueva sociedad: la socialista, donde no habrá ya injusticias, donde se mate al rico y al pobre para que nazca el hombre, el hombre heroico.

En “El poeta prometeico”, que encontramos en su obra El payaso de las bofetadas y el pescador de caña [1938] (en Poesías completas en Colección Visor de Poesía, Madrid 2004, pág. 218 y 219), leemos:

“(…) La primera aventura de Don Quijote no es ni la de Puerto Lápice ni la de los molinos, como quieren algunos. La primera aventura surge cuando el poeta se encuentra con la realidad sórdida de España, después de salir de su casa, llevando en la mano la justicia. Cuando llega a la venta. No es verdad que nada épico sucediese allí. Allí comienza la hazaña primera y única que se ha de repetir a través de todo el peregrinaje del poeta. Porque no hay más que una hazaña en toda la crónica: el trastrueque, el trasbordo de un mundo a otro mundo; de un mundo a otro, de un mundo ruin a un mundo noble. Aparentemente no es más que una hazaña poética, una metáfora. Pero es una hazaña revolucionaria también, porque ¿qué es una revolución más que una metáfora social?

Don Quijote se encuentra en la venta con un albergue sucio e incómodo, con un hombre grosero y ladrón, con unas prostitutas descaradas, con una comida escasa y rancia, y con el pito estridente de un castrador de puercos. Y dice en seguida: Pero esto no puede ser el mundo; esto no es la realidad, esto es un sueño malo, una pesadilla terrible…, esto es un encantamiento. Mis enemigos, los malos encantadores que me persiguen, me lo han cambiado todo. Entonces su genio poético despierta, la realidad de su imaginación tiene más fuerza y puede más que la realidad transitoria de los malos encantadores, y sus ojos y su conciencia ven y organizan el mundo, no como es, sino como debe ser. Se produce la gran metáfora poética que anuncia la gran metáfora social. Porque cuando Don Quijote toma al ventero ladrón por un caballero cortés y hospitalario, a las prostitutas descaradas por doncellas hermosísimas, la venta por un albergue decoroso, el pan negro por pan candeal, y el silbo del capador por una música acogedora, dice que en el mundo no debe haber ni hombres ladrones, ni amor mercenario, ni comida escasa, ni albergue oscuro, ni música horrible, y que nada de esto habría si no fuera por los malos encantadores. Estos encantadores se llaman de otra manera. Don Quijote sabe muy bien cuál es su nombre exacto, pero para denunciarlos se vale también de una metáfora.

¿Queréis que el poeta hable más alto y más claro? ¿Que se exprese de una manera dialéctica? Pero el poeta no es un orador de mitin. Y no es urgente, no es necesario todavía, extenderle un carné. Nadie debe decir: ese poeta es marxista, porque entonces su voz perdería elevación. Está con vosotros, ¿qué más queréis? Vuestra pequeña revolución económica y social de hoy cae, se defiende y se prolonga bajo la curva infinita de su vuelo. (…)”

Examinado un ejemplo de utopía popular, nos dedicaremos a analizar tres tipos de utopías premodernas.

La primera que vamos a analizar someramente, que pertenece a las utopías clásicas, es la que Platón (428-347 a.C.) esboza en La República. Nuestro autor utiliza el método socrático, que es un método dialéctico de demostración lógica para la indagación de nuevas ideas o conceptos en el que participan dos interlocutores, siendo uno de ellos quien expone sus tesis liderando la conversación, en espera que la otra persona apruebe, como hace con desdoro, esto es, servilmente, o refute sus afirmaciones.

Platón afirma en su obra que la injusticia provoca sediciones y odios, además de luchas de unos contra otros, mientras que la justicia trae concordia y amistad. La ciudad, cimentada en cuatro virtudes –prudencia, valerosa, moderada y justa- surge porque ninguno de nosotros nos bastamos por nosotros mismos. La ciudad la construyen nuestras necesidades como son: i) provisión de alimentos, ii) habitación y iii) vestido y cosas similares. En la ciudad nadie quiere gobernar porque no ordena lo mejor para sí mismo, sino para el gobernado, de ahí que sea justo establecer una recompensa a los que se disponen a gobernar –Platón ya presupone en su ciudad que los gobernantes serán honestos y buenos gestores-. La ciudad precisará de guardianes ya que cuando crezca en habitantes tiene que aumentar su territorio, recortando el del vecino, y viceversa, el vecino el nuestro. Así nacen las guerras. El guardián ha de ser filósofo, es decir, ávido por conocer, fogoso, veloz y fuerte por naturaleza. Los médicos serán los más hábiles que tengan aprendida su profesión, que hayan estado en contacto con la mayor cantidad de cuerpos mal dotados físicamente, y, sin ser de constitución robusta, hayan sufrido toda clase de enfermedades. El juez ha de ser anciano, ya que así habrá aprendido qué es la justicia y la injusticia, además de estudiarla.

Lo más controvertido de la ciudad consiste en la fábula basada en un caso fenicio, que podemos encontrar en el “Libro IV”. El mito dice que hermanos son todos los que habitan en la ciudad, pero, al formarles los dioses, hicieron entrar en ellos: a) oro en los que están capacitados para gobernar; b) plata en los auxiliares y c) bronce y hierro en la de los labradores y los demás artesanos. Los metales están relacionados con las especies de alma (racional, concupiscible –tendencia al bien sensible- e irascible). Existe la movilidad social un hijo de oro nace de bronce o de hierro debe ser relegado, o en el caso contrario, alzado. Esta idea nítidamente discriminatoria choca con la defensa que Platón hace de la igualdad de trato para las mujeres que para los hombres. Defiende que no hay ninguna ocupación por sí misma del varón ni de la mujer. Las mujeres guardianas, que también las hay, son comunes para todos los hombres, ya que ninguna cohabitará privadamente con ninguno de ellos y los hijos serán comunes. Los gobernantes diseñarán el número de matrimonios a través de un sorteo amañado que determinará emparejamientos de padres que estén en la flor de la edad (20 años en la mujer, 30 en el hombre). En el libro VII Platón expone su tesis, a través del Mito de la caverna, sobre la existencia del mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo de las ideas (solo alcanzable por la razón).

Las utopías medievales, como La ciudad de Dios, de San Agustín, apuestan por un ideal de imperio cristiano, donde la sociedad se basa en los principios del amor a Dios, de la que debe tomar ejemplo la ciudad de los hombres. Es un ideal, aunque divino, para la ciudad terrenal.

Las utopías renacentistas piensan en una sociedad basada en el saber y en los adelantos técnicos y científicos. Existe una comunidad de bienes en dichas sociedades y la estructura social es jerárquica y planificada. Tomás Moro (1478-1535) nos propone en su imaginaria isla, Utopía, la siguiente sociedad:

- Igualdad económica, eliminación de la propiedad privada.

- Inexistencia de dinero

- Estructura política democrática

- La institución básica es la familia

- La sociedad está planificada

- La educación se centra en la formación profesional y en la estima a la vida social

- La tolerancia es el principio básico de la convivencia, tanto en los aspectos religiosos como en los políticos y sociales