15 de noviembre de 2017

Laura Ferrero - Qué vas a hacer con el resto de tu vida

«El movimiento produce dolor, pero es necesario moverse para continuar»

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"De alguna manera -tóxica, incluso maquiavélica-, mi padre necesitaba a mi madre. La quería con un amor despótico, con la misma determinación con la que con el tiempo llegó a odiarla. Y quizá, simplemente, necesitaba que ella lo quisiera. Pero mi madre no era ya la misma, volvió arrastrando esa culpa que siempre llevan consigo los que se van e intentan regresar sin hacerlo del todo, como si estuvieran de paso después de haber dejado atrás otra vida en la que quizá, quién sabe, conocieron la felicidad.
    Las culpas amarran más que el amor, y eso mi padre lo sabía. Una vez escuché una conversación telefónica de mi padre; hablaba con un amigo que estaba a punto de separarse. Decía que él no nunca había querido tener un segundo hijo. Pablo había nacido con esa misión universal y redentora de los hijos que vienen a arreglar matrimonios que no se sostienen. Hay una fotografía de ese día en la que yo, seria, estoy sentada en el sofá del hospital y sostengo al bebé, rígida, con miedo de que se me caiga. Miro a la cámara fijamente, y me da la sensación de que más que sostener al pobre Pablo lo aprieto contra mí, como una metáfora de lo que yo haría siempre con él: agarrarlo, acercarlo a mí. 

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     -Saldremos de esta. 
     Y fue al escuchar aquella frase en plural, aquella frase que yo siempre le repetía a Pablo cuando tenía sus ataques, cuando no se podía levantar de la cama, que me eché a llorar. Lloré hasta que no me quedaron más lágrimas. Diego no fue a hacer la cena, tampoco cenamos aquel día, pero qué importaba. 
     Guardo ese momento: él a mi lado, sin apenas decir nada. Mis manos en las suyas. El amor también podía ser eso, y yo nunca lo había sabido hasta entonces..."

Primera novela de Laura Ferrero, Alfaguara.

10 de agosto de 2017

Manuel Chaves Nogales - Juan Belmonte, matador de toros

"'Te pones aquí, y te quitas tú o te quita el toro'. Yo venía a demostrar que esto no era tan evidente como parecía: 'Te pones aquí, y no te quitas tú ni te quita el toro si sabes torear'. Había entonces una matemática de los terrenos del toro y los terrenos del torero que a mi juicio era perfectamente superflua. El toro no tiene terrenos, porque no es un ente de razón, y no hay registrador de la Propiedad que pueda delimitárselos. Todos los terrenos son del torero, el único ser inteligente que entra en el juego, y que, como es natural, se queda con todo.

Los que me venían ir contra las que ellos consideraban leyes naturales se llevaban las manos a la cabeza y decían: 'Tiene que morir irremisiblemente. O se quita de donde se pone o lo mata el toro'. Yo no me quitaba, el toro tardaba en matarme, y los entendidos, en vez de resignarse a reconocer que era posible una mecánica distinta en el juego de la lidia, que era lo más sencillo y razonable, se pusieron a dar gritos histéricos y a llamarme hiperbólicamente 'terremoto', 'cataclismo', 'fenómeno' y no sé cuántas cosas disparatadas más. Para mí, lo único fenomenal era la falta de comprensión de la gente. Lo que hoy, al cabo de veinte años, sabe ver el más humilde aficionado, no les entraba entonces en el meollo a los que entendían de toros. Esta fue, sencillamente, mi aportación al toreo..."


Libro de Manuel Chaves Nogales, editado por Renacimiento.

12 de julio de 2017

Stefan Zweig - Mendel el de los libros

"Un jovenzuelo encorvado y de corta estatura, había venido del Este a Viena a estudiar para rabino, pero pronto había abandonado al riguroso Dios único, Jehovah, para entregarse al politeísmo brillante y multiforme de los libros... Yo, en cambio, me había olvidado de Mendel el de los libros durante años. Precisamente yo, que debería saber que los libros solo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido."

Stefan Zweig, Mendel el de los libros, Acantilado, 2009 (ed. original Buchmendel, 1929)
Mendel el de los libros, pieza magistral de Zweig en Acantilado.

11 de julio de 2017

Patrick Deville - Viva

"Ahora es 1940. El mundo está en llamas y olvida a Trotski. Sólo los asesinos piensan en él. 'Bebía porque quería ahogar mis penas, pero las malvadas aprendieron a nadar', Frida Kahlo.

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Fabian Llyod, el sobrino escandaloso del escandaloso Oscar Wilde: 'Morir del alma es diez mil veces peor que el cáncer'. 


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'Todo está permitido en el arte', Andre Breton

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Tina Modotti es 'ciudadana del dolor del mundo'. Lowry es culpable. Intenta recordar de qué. Culpable de no crear belleza ni participar en la Historia.



Malcolm Lowry imagina que vuelve a revolucionar el arte de la prosa poética, un sueño inmenso, magnífico e inaccesible, como el de la Revolución permanente de Trotski.

Lowry en Ultramarina: Algún día encontraré una tierra corrompida y extenuada hasta lo indecible, donde los niños se mueran de hambre por falta de leche, una tierra infeliz, aunque ignorante, y entonces gritaré: voy a quedarme aquí hasta transformarlo en un sitio decente. 




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"Lo de estos dos es como acercarse al misterio de la vida de los santos, buscar aquello que los impulsa hacia los eternos combates perdidos de antemano, el absoluto de la Revolución o el absoluto de la Literatura, en los que nunca encontrarán la paz, la tranquilidad de la labor cumplida. Es ese vacío que se siente y el que el hombre, en su insoportable finitud, no sea aquello que debería ser, la insatisfacción, el rechazo de la condición que nos vence, también el inmenso orgullo de ir a robar una chispa cuando es su turno, incluso si saben bien que terminarán encadenados a la roca y continuarán así demostrándonos eternamente que han intentado lo imposible y que lo imposible puede buscarse. Eso es lo que nos gritan y lo que nosotros solemos fingir que no oímos: que de cada uno de nosotros se espera lo imposible..."

Patrick Deville, Viva, Anagrama, 2016 (ed. original Viva, 2014)

Viva, de Patrick Deville, Anagrama.