24 de agosto de 2007

Vientos de agua, ¿un mundo mejor?

Yo sigo avanti. Avanti antes y avanti siempre...

La televisión funciona como cualquier mercado. Los oferentes (en este caso las cadenas de televisión) introducen en él sus productos (programas, series, informativos...) y los compradores (espectadores) los adquieren o no (no ver la televisión; ver un canal o ver otro). Vientos de agua, indubitadamente, ha sido la serie de más calidad que se ha introducido en los últimos años en el mercado de nuestro país y, con toda probabilidad, en el argentino. En España, por su parte, la mayoría de los espectadores decidieron comprar otros productos. Y los mercados, como es bien sabido, son imperfectos. Los costes de entrada al mercado televisivo fueron excesivos para la bonísima producción de Juan José Campañella (El hijo de la novia y Luna de Avellaneda).

La historia arranca en la iracunda España de 1934. Y si hablamos de 1934, hemos de situamos, indefectiblemente, en Asturias. A través de las vidas de los distintos personajes, que confluyen en Argentina procedentes del Viejo Continente, podemos remembrar parte de la dramática y convulsa historia de la primera mitad del siglo XX: el ascenso al poder en Italia de Benito Mussolini en 1922 tras la Marcha sobre Roma, el ascenso al poder del nazismo en la Alemania de los años 30 con el subsiguiente antisemitismo que posibilitó el intento de solución final para el pueblo judío, la trágica Guerra Civil española (1936-1939), la Segunda Guerra Mundial, que dejó pequeña a la tremebunda Gran Guerra, las dictaduras latinoamericanas, la explotación del proletariado, el analfabetismo de las clases más bajas, la opresión de la mujer...

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Buenos Aires, 1955

Gemma: ¿Qué pasa?

Juliusz: ¿Qué pasa?, pregunta, ¿qué pasa?

Andrés: ¿Qué pasa?, dice.

Gemma: ¿Se van a poner a llorar?

Andrés: Lo que pasa, que… que, ¿tú no lloras nunca?

Gemma: No, ¿cuándo me viste llorar? ¿Cuando me abandonó mi familia en el barco me viste llorar? ¿Lloré en el conventillo cuando no teníamos comida? Cuando se murió tu familia no lloré. Ni con la tuya ni con la mía. Si cada vez que estuve triste hubiera llorado, estaría más seca que este maní. Yo no lloro nunca. Yo sigo avanti. Avanti antes y avanti siempre. No estoy sola. Estoy con el hombre que amo [Juliusz] y con el que quiero vivir toda mi vida. [Vientos de agua, capítulo 11, minuto 68)]

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Simultáneamente, en el año 2003, inmersa Argentina en una crisis socioeconómica sin precedentes, el hijo del minero asturiano que emigró en 1934 al Nuevo Continente se ve avocado a viajar a España con el mismo propósito que miles de personas lo hacen desde el Sur en nuestros días: ganar lícitamente el dinero indispensable para poder sobrevir tanto ellos en Occidente como sus familias en los países de origen. La estancia de Ernesto Olalla en España nos recuerda tan solamente algunos de los nuevos dramas del siglo XXI: prostitución, mafias, xenofobia, racismo, sangrantes desigualdades sociales, precariedad laboral...

Y resulta que, en efecto, para vivir una vida digna, no sólo basta con que el Estado no interfiera en las preferencias de los ciudadanos, sino que éstos, aniden en la morada (léase nación) que habiten, se encuentren en igualdad de condiciones para plantearlas (si no tengo qué comer no me puedo deliberar acerca de cuál es mi ocupación favorita en mi tiempo libre) y ejecutarlas (de qué me sirve querer ir de vacaciones a la costa si no tengo posibles con qué sufragarlo).

Nos encontramos en el año 2007, cuarenta y ocho años después de que Juliusz avistase un mundo mejor. Basta con conocer los Objetivos del Milenio, así como el grado de cumplimiento de los mismos, para comprobar que ese mundo mejor no lo es para todos los ciudadanos del planeta. No obstante, algunos seguimos anhelando ese viejo sueño: un mundo mejor.

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Buenos Aires, 1959

Alocución de Juliusz a Andrés, a Gemma, a las niñas y a las trabajadoras del orfanato, del que fue director desde 1934, una vez conocida su enfermedad, mortal e irreversible, que le han diagnosticado:

[..] Ahora el lugar está muy bien, caminan solas las chicas, lo saben manejar muy bien. Muchas de esas chicas crecieron aquí. Ellas se van a encargar de que las niñas que entran acá salgan pensando que el mundo es mucho mejor que lo que era cuando entraron. Un mundo mejor… es un viejo sueño que venimos persiguiendo hace mucho tiempo. No hay que llorar ahora, no. Y ahora parece que todo va a cambiar. Vivimos en los albores de una nueva época. Hay movimientos en todas partes: el Frente de Liberación, en Argelia, en Cuba, en todas partes,… de mineros y campesinos en Bolivia. Siento una profunda esperanza para los tiempos que se avecinan. Siempre vivimos con el convencimiento de que puede haber un mundo mejor. Y bueno, justo ahora… justo ahora que parece que sí, que todo puede cambiar. Justo ahora, me tengo que ir. Es que fueron muchos años de trabajo y necesito descansar un poco. Me voy a llevar a lo que más quiero… a la persona que quiero tener al lado cuando se termine el viaje… a mí… a mí… [Gemma] que ahora me mira con esa carita… yo no puedo seguir, no puedo seguir sin vos,… ¡Ay!, cómo la quiero. [Vientos de agua, capítulo 12, minuto 66]

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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Jorge: Leí tu comentario en el sitio de "Vientos de Agua" y me metí a leer lo que escribiste. Te agradezco muchísimo. Es para gente como vos, que también hay muchos, por suerte, que hicimos la serie. Me emocionó mucho leer lo que opinás. Muchísimas gracias, de todo corazón.
Juan J. Campanella
PD: Lo que dice Gemma, no es "más seca que este maíz", sino "más seca que este maní". Un abrazo enorme, amigo.

jmá dijo...

Muchísimas gracias a ti. Para mí sí que ha sido un auténtico placer leerte en mi modesto blog. Ya subsané el error. Muchas gracias por advertirme. Esperamos con avidez nuevos proyectos tuyos.

CeleS dijo...

Entre aqui de casualidad buscando alguna que otra imagen de "vientos de agua". La cantidad de veces que me eh llorado con esa historia, ya que practicamente se siente como la propia.
La busqueda por un mundo mejor, y el avanti antes y el avanti siempre, si que me lo han enseñado, hasta la gente que jamas conoci.
Vientos de Agua me recuerda la vida de mi abuelo, el irse antes que lo maten por ser anarquista, los quilombos en los que se debe de haber visto envuelto.
Es una linda historia como la de tantas personas que emprenden un viaje para buscar una mejor vida. Cuando uno pisa el camino, nunca sabes hasta donde tus pies te llevaran...

Saludos,
CeleS