20 de enero de 2017

Milena Busquets - También esto pasará

"Santi se ha puesto mis vaqueros favoritos, de un rojo desvaído y viejísimos y una parka caqui que compramos juntos hace mucho tiempo. Creo que se los pone para gustarme pero también como amuleto contra las tormentas que a menudo asolan nuestra relación. Cuando le he visto sorteando los coches encima de su bicicleta, dirigiéndose hacia mí como una flecha, de pie, como si tuviese veinte años y no más del doble, con sus raídos vaqueros rojos, el cuerpo moreno y compacto, más desarrollada y musculosa la parte de abajo que la de arriba a causa del esquí y de la bicicleta, y las manos de obrero, cortas y gruesas y a menudo magulladas, me ha dado un vuelco el corazón, como siempre. Creo que es por eso por lo que le sigo viendo, me acelera el pulso, cada vez. Tú siempre me decías, con aire de fingida preocupación: «Tu problema es que te gustan los hombres guapos». Pero creo que en el fondo te hacía gracia ese rasgo, tan masculino e infantil, de preferir algo tan gratuito, aleatorio e insustancial como una apariencia agradable al poder, la inteligencia o el dinero.
 

     Tomamos un par de cañas y decidimos ir a picar algo rápido, hace mucho que no nos vemos y tenemos prisa por estar juntos, se nos van las manos imperceptiblemente, le rozo la cintura, me toca el hombro, me acaricia el meñique al encenderme el cigarrillo y, en todo momento, nos mantenemos cinco centímetros más cerca de lo que sería correcto entre un par de amigos. Nos adentramos por las callejuelas en busca de algún lugar tranquilo y solitario lejos del sol, al pasar por un pasaje subterráneo me empuja contra la pared, me besa y me mete la mano dentro del pantalón. La fuerza física de los hombres sólo debería servir para darnos placer, para estrujarnos hasta que no quede ni una sola gota de pena ni de miedo en nuestro interior. Aparece un adolescente con mochila y nos mira de reojo, disimulando, mientras aceleraba el paso, casi he olvidado el desorden de los primeros besos, la precipitación y los moratones que preceden al aprendizaje de la lentitud y de la inmovilidad, de los gestos precisos como los de un cirujano, cuando pasamos de follar sólo con el cuerpo a follar también con la cabeza..."

Milena Busquets, También esto pasará (Anagrama, 2015)