5 de agosto de 2009

Cómo comenzó el nacionalismo vasco

Sin nueces

El PNV narra en su historia oficial cuál fue su origen. Todo comenzó cuando un clérigo gallego platicaba en un tren con Luis Arana y le explicaba por qué Euskadi no era España y por qué debiera surgir un movimiento político que hiciera realidad esa ficción. Luis, fascinado por la teoría de singular embajador de Dios, traslada la idea a su hermano Sabino, que decide fundar el partido más tramontano de España. La totalidad del totalitario pensamiento del nacionalismo vasco, sustentado en creencias, mitos y leyendas, surge de una conversación de ferrocarril.

Sabino Arana fue un integrista abominable que construyó un partido conservador, nacionalista y racista. Los historiadores discuten acerca de qué alma tenía más peso en la organización: la de Dios o la de la tribu. Sabino deploraba lo español, lo proscrito por la Iglesia y a los maquetos sin pureza sanguínea. Aún hoy es el triste día en el que el PNV, sin haber censurado los postulados de su creador, tiene una fundación que lleva su nombre. Sin Sabino, ETA nunca hubiera llegado a existir.

ETA nació como un movimiento político-militar para luchar contra la dictadura y para defender los derechos del territorio vasco. Si bien atentó contra Carrero Blanco, truncando la posibilidad de alargar el franquismo sin Franco, puso en riesgo la transición democrática y, con el paso del tiempo, devino en lo que hoy es: una mafia que ha convertido sus macabros medios en un fin. ETA hace lo único que sabe: matar. El árbol se ha agitado nuevamente, pero el PNV ya no recoge en la Lehendakaritza las nueces como acostumbraba en época de Arzalluz.

Tenemos el deber cívico de apoyar a las víctimas. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado pondrán al servicio de la Justicia a los criminales para que esta aplique implacablemente la legislación que nos hemos dado. Aguardaremos hasta que los terroristas se marchiten en la cárcel. Pero también tenemos un deber político ineludible: combatir dialécticamente cualquier tipo de nacionalismo, que, como el vasco, pretenda pisotear los derechos inalienables de las personas, poniendo a estas al servicio de las ideas y no las ideas al servicio de la humanidad.

Publicado el 5 de agosto de 2009 en La Crónica de León, página 2

1 comentario:

Iván M Montoto dijo...

Muy buen artículo Jorge, me ha gustado bastante. Estoy de acuerdo con tu opinión sobre Sabino Arana, pero que se espera de alguien que en 1902 fue encarcelado tras enviar un cablegrama de felicitación a Roosevelt por haber concedido la independencia a Cuba..